Marcharse fuera y sus consecuencias...


Siguiendo con el tema cambios y destinos, quiero compartir con vosotros algo.
Primero un reportaje sobre irse a trabajar fuera


Irse a trabajar lejos, más complejo que hacer las maletas

Explica muy bien como es el proceso tanto a nivel emocional, como burocrático.

"¿Cómo adaptarse al país de destino? 

De la euforia a la depresión, para regresar a la normalidad. Simplificando, esas serían las fases que atraviesa el expatriado.
Arrancan con la «exótica», que dura de uno a tres meses y es el momento en el que el recién llegado de siente como un turista.
La siguiente, entre el tercer y sexto mes, es la «fase de atención» y la persona puede sentirse aislada y dispuesta a regresar.
Hacia el octavo mes mejora el ánimo y comienza la adaptación (fase de «ajuste»), para entrar en la «normalidad» después. «Aquí el trabajador se convierte en un buen guía para los nuevos incorporados y hace un buen desempeño de su trabajo», apunta el estudio."






Nos acerca al cambio personal, pensamientos y sentimientos tras pasar por la experiencia, de salir de "tu hogar", de tu zona de confort, de tu realidad y de entorno. 




Angie, su autora, refleja a la maravilla este proceso.
Me sentí tan identificada,
tan comprendida.
Parecía conocerme y escribirme a mi.
Ella, cita 17 cosas que cambian para siempre cuando vives fuera.
Leer su versión, yo añado algo más...



1. La adrenalina no te abandona.
Desaparece la rutina, todo es nuevo y excitante, todo es diferente, te asusta y te gusta.

2. Pero, a la vuelta… todo sigue igual.
Nada se ha detenido, la vida no te espera, todos siguen con sus rutinas, sus ritmos, su vida normal.

3. Te faltan, y te sobran, las palabras.
No sabes como explicarte, de repente los temas de conversación son diferentes y echas de menos esa conexión que antes tenías y te sientes perdida.

4. Comprendes que la valentía está sobrevalorada.
No es una decisión que has tomado tú, la han tomado por ti. Tienes que liarte la manta a la cabeza y confiar que todo vaya bien.

5. Y, de repente, eres más libre.
Por un lado, eres tu, pero por otro dejas de ser la que todos quieren que seas. Eres tu sin ataduras, sin mascara, no tienes que hacer lo que los demás esperan de ti, puedes ser otra versión de ti misma.

6. Dejas de hablar un idioma en concreto.
De repente te parece no saber expresarte, te cuesta encontrar la palabras correctas en tanto mezcladillo.

7. Aprendes a despedirte… y a disfrutar.
Aprendes a despegarte de lo material, a vivir con lo que tienes a aprovechar lo que tienes y te das cuenta de que no necesitas ni la mitad de las cosa que tienes en tu casa.
Con las personas no es tan fácil, sientes la perdida de momentos juntos, de vivencias... y deseas y confíes en que a la vuelta no sientas que el tiempo fuera te ha separado.


8. Vives con dos de todo.
Y con nada de nada. Ya no sabes donde está el límite.

9. ¿Normal? ¿Qué es normal?
La normalidad se convierte en un concepto diferente. Normalidad, rutina, son diferentes según donde estés.

10. Te conviertes en un turista en tu propia ciudad.
Echas tanto de menos tu origen, que al volver quieres vivir lo todo, sentirlo todo.
Pero también eres turista en el nuevo lugar donde estás, intentando buscar los rincones que vas a hacer tuyos y comparando sin querer con los que ya tienes.

11. Aprendes a ser paciente y a pedir ayuda.

No te queda otra.

12. El tiempo se mide en pequeños momentos.
El tiempo es un concepto que cambia.Pasa rápido y a la vez tan lento.

13. La nostalgia te invade en el momento más inesperado.
14. Pero sabes que no es dónde, sino cuándo y cómo.

Morriña... Ay!, cualquier cosa hace que tu mente viaje. Y en el fondo es como una necesitad, no quieres desprenderte del sitio del que vienes.

15. Cambias.
Y a veces da miedo..., sabes que el cambió es inevitable, pero quieres seguir siendo la que eras, quieres reconocerte a ti mismo, quieres una versión mejor, pero seguir siendo tú.

16. El hogar cabe en una maleta.
Aprendes que el hogar no son las paredes sino el lugar en el que te toca estar pero siempre con esa misma persona por la que a veces has abandonado todo.
Te das cuenta que el hogar es aquí y ahora y son los momentos vividos, en mi caso, con él


17. Y… no hay vuelta atrás.
El cambio ya se ha desarrollado, y cuando regresas, no puedes evitar sentirte extraño.
Es tan contradictorio... echar algo de menos y luego sentirte raro, en el mismo lugar del de donde saliste a la aventura.
Será que la aventura engancha y que tu vida ya no va a ser la misma.
Si fuese más joven puede... ahora solo quiero estabilidad y que los días pasen con su rutina y su felicidad.

Y la vida sigue, la tuya en el nuevo destino y la de los demás en el de siempre.
Y los echas de menos, si estuviesen en tu nuevo destino nada importaría.
Al final lo que echas de menos, son los momentos compartidos con ellos, las cenas, las risas, el lugar no importa, importan ellos.


Para mis amigos...para los viejos y los nuevos, 
espero que al menos me echéis de menos un poquito.

Os quiero!!!. 


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